País de Pesadillas
Escapas,
como el agua que fluye entre los dedos.
Corres a tu madriguera:
este es el conejo.
Un camino espinoso en tierra de nadie,
donde mis sueños dejan paso a tu realidad.
Estate quieto,
déjate coger.
Eres mío,
lo fuiste,
siempre lo seré.
Y olvídate ya de correr.
No me gustan tus mundos,
no me gusta en lo que te conviertes
si no estoy yo en él.
Sal de tu madriguera, no me hagas volver.
¿Dónde están tus besos?
¿Dónde tus abrazos?
Eres un maldito conejo blanco.
Espera,
deja de correr.
Despierta, pequeña Alicia:
el reloj se dejó de mover.
Hasta marzo, y otra vez:
en tu ausencia solo se enfría el té.
Hasta se marchitaron ya las flores,
y el lirón le contagió su apatía a la liebre.
Ni reír tiene sentido ni alegría.
No hay cantares,
no hay alarmas,
no hay dulces ni amistades.
Los animales se devoran,
los soldados se consumen en los rosales.
Esto dejó de ser una aventura:
solo queda lo que para mí forjaste.
Un país de pesadillas...
¿Dónde están tus andares?
¿Dónde están tus pasiones?
Eres un maldito conejo blanco,
espera, no corras tanto.
Ya no hay reinas ni princesas,
no hay caballeros ni condesas.
Desapareces entre llantos,
cual sonrisa inexistente
de aquel gato
inconsistente.
Desapareces entre cantos,
cual cordura entre agravios.
Entre tanto, solo un rato,
me despisto cual muchacho.
Ya no hay fábulas ni cuentos,
solo rosas y sombreros.
El pobre sombrerero,
persiguiendo a los conejos.
¿Dónde está ahora tu cordura,
y dónde está, pues, mi locura?
Solo queda lo que para mí forjaste:
un país de pesadillas...
Eres un maldito conejo blanco,
espera, no corras tanto.
Si te atrapo y te libero,
ya no queda sentido alguno...
¿Quién lo quiere?
Yo no, yo no...
¡YO NO!
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